29° aniversario de la muerte (asesinato), de José Luis Cabezas. ¡Prohibido Olvidar!
A 29 años del asesinato de José Luis Cabezas, su nombre permanece como el recuerdo más crudo de los límites, que el poder mafioso intentó imponer a la libertad de expresión en la Argentina. El crimen no fue solo un ataque contra un individuo, sino un mensaje disciplinador diseñado por estructuras que combinaban: negocios espurios, connivencia policial y protección política. Su muerte marcó un antes y un después en la transición democrática, desnudando la fragilidad institucional frente a los intereses de quienes se sentían dueños de la vida y el anonimato.
La frase de los asesinos, “Nos cargamos a un fotógrafo”, destila una deshumanización escalofriante, y una subestimación total hacia la labor periodística. Al reducir la vida de Cabezas a un simple estorbo eliminado, los ejecutores reflejaron la mentalidad de las patotas parapoliciales que aún operaban bajo lógicas de las viejas dictaduras argentinas, amparadas, lamentablemente, por amplio consenso popular. Para ellos, matar a un trabajador de prensa era un trámite burocrático dentro de su esquema de control, una muestra de la soberbia con la que se manejan quienes creen que la justicia nunca llegará a alcanzarlos.

El caso puso de manifiesto el altísimo riesgo de ejercer el periodismo de investigación en contextos donde las fuerzas de seguridad y el crimen organizado se mimetizan. La participación de efectivos de la Policía Bonaerense en el secuestro y asesinato evidenció que los grupos delictivos no operan en el vacío, sino que utilizan la logística del Estado para perpetrar sus ataques. Esta simbiosis entre el delito y el uniforme generó un clima de terror que buscaba silenciar cualquier «lente» que se atreviera a enfocar lo que debía permanecer oculto.

La impunidad, sin embargo, encontró un límite en la movilización social y el grito de «No se olviden de Cabezas», que impidió que el caso se cerrara como un simple hecho delictivo común. A pesar de las condenas iniciales, el sabor amargo de la justicia incompleta persiste, ya que muchos de los responsables recuperaron la libertad prematuramente mediante artilugios legales. Esta falta de firmeza en el cumplimiento efectivo de las penas refuerza la percepción de que, en Argentina, los hilos del poder real suelen ser más fuertes que el peso de la ley.
Hoy, la profesión periodística enfrenta nuevos desafíos, pero la sombra de la violencia física y el amedrentamiento sigue siendo una amenaza latente en diversas regiones del país. Los ataques a la prensa ya no siempre provienen de grupos parapoliciales tradicionales, sino que se han diversificado hacia el acoso digital y la estigmatización pública desde el poder. Recordar a José Luis es reivindicar el derecho de la sociedad a saber, entendiendo que el silencio es el terreno más fértil para que la corrupción y el autoritarismo sigan prosperando sin control.
Finalmente, la figura de Cabezas simboliza la resistencia de la verdad frente a la oscuridad de las mafias que intentaron, sin éxito, enterrar su legado junto con su cuerpo. Su cámara logró lo que el sistema intentó evitar: ponerle rostro al poder impune y demostrar que una imagen puede ser más poderosa que cualquier estructura criminal. A casi tres décadas, su ausencia nos sigue interpelando sobre qué tipo de democracia queremos construir y cuánto estamos dispuestos a proteger a quienes arriesgan todo por contar la realidad.
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